Alvaro Reynoso

HAGAMOS REALIDAD LOS SUEÑOS DE REYNOSO

A mediados del siglo XIX y como consecuencia de la destrucción de las plantaciones cañeras de Haití, Cuba se convirtió en la azucarera del mundo, en el país que mayores volúmenes de azúcar producida y exportaba cada año (27,22 % de la producción Mundial de 1851). Sin embargo, las técnicas y tecnologías de la producción que se utilizaban en aquella época no distaban mucho de los métodos artesanales que, durante siglos, se habían entronizado en ese cultivo, basados esencialmente, en la explotaci6n extensiva de los campos, en el terrible maltrato a los esclavos y la fertilidad de la tierra.

En 1858, Álvaro Reynoso Valdés regresó de Europa. Tenía 28 años de edad y llegaba a su país después de concluir brillantemente estudios superiores y recibir el honor de ser designado miembro correspondiente de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid. Sin duda alguna, sus perspectivas como científico eran formidables. De haber permanecido en el viejo continente, de haberse dedicado a la docencia y la investigación, con toda seguridad, la fama y la riqueza lo hubieran acompañado. Él lo sabía, pero escogió un camino que consideró más digno: el del deber con su patria. Precisamente a finales de ese año, y consciente de que el eslabón fundamental de la economía cubana era el azúcar, comenzó sus estudios sobre la caña a los cuales dedicó sus mayores esfuerzos, hasta el punto de emplear en ellos 30 años de su corta, pero fructífera existencia y los pocos recursos monetarios de que dispuso. Esta decisión trajo como consecuencia que los resultados más relevantes de su carrera científica, los alcanzara en este campo, aunque en muchos otros también tuvo logros significativos, como fueron, por ejemplo, los de la propia industria azucarera en la química y la agricultura no cañera.

Reynoso era un hombre progresista, no sólo en la esfera de las ciencias naturales y exactas, que eran su fuerte, sino también en el de las sociales, donde sus ideas coincidían con lo más avanzado del pensamiento de su época y de su medio. Esto se refleja en sus proposiciones encaminadas a introducir la producción intensiva en la agroindustria azucarera, argumentando que requería menos mano de obra esclava y era económicamente más eficiente. Incluso proponía sustituir a los esclavos por colonos y utilizar la mecanización (que en aquella época se limitaba a la tracción animal y a las incipientes máquinas de vapor), para aliviar las labores del campo y hacer más productivo el trabajo.

Entre sus amigos de aquellos tiempos, previos al levantamiento de la Demajagua, los había independentistas, como Carlos Manuel de Céspedes, abolicionistas y reformistas, los cuales, desde posiciones políticas diferentes y a veces contrapuestas, se preocupaban por las difíciles condiciones económicas, políticas y sociales en que se desenvolvía el país, convertido en una codiciada presa de la metrópoli española, a la cual había que esquilmar al máximo, porque era una de las pocas posesiones que le quedaban al imperio en su triste ocaso, y sobre todo, "la másrica y estratégica de todas, las joyas de la corona española", como se le decía en España.

En 1862, como fruto de largos estudios, múltiples experimentos y observaciones, apareció por primera vez este libro, Ensayo sobre el cultivo de la caña de azúcar, que hoy le ofrece a usted, en su sexta edición, la dirección del Ministerio del Azúcar. Sin duda alguna es un serio esfuerzo encaminado a difundir un conjunto de conocimientos teóricos y prácticos, cuya correcta aplicación puede contribuir al logro de la verdadera y definitiva recuperación cañera, por lo que debe convertirse en guía técnica para el trabajo de los agricultores de esta valiosa gramínea.

Los aportes científicos de Reynoso a la producción cañera son sustanciosos, hasta el punto de que al fin en nuestros días, destacados productores de Australia, Java y Hawai, lejanos en el tiempo y el espacio de sus afanes de investigación, aún se benefician por utilizar en sus plantaciones el sistema productiva que se elaboró, con resultados positivos.

El pensamiento científico de este sabio se adelantó considerablemente a su época y es posible que por ello sus contemporáneos no sintieran la necesidad de seguir sus consejos. Muchos de los criterios científicos expuestos por él, que en aquellos tiempos se consideraban utopías y en algunos casos hasta recibían burlas, posteriormente fueron ratificados por investigaciones realizadas con el rigor científico necesario, utilizando los métodos y técnicas más modernos. Cuando la caña sólo aportaba 4 % de rendimiento, él anunció que podría dar por lo menos 10, lo que entonces resultaba increíble. Sin embargo, en algunos ingenios de Cuba, desde hace mucho tiempo, se alcanzan 12 y 13% como promedio anual y en un país destacado por sus altos rendimientos cañeros, como Australia, estos resultados ya son bajos.

En cuanto al volumen de la producción por área, vaticinó que se podría obtener un rendimiento potencial por hectárea de 23 toneladas/mes, algo que, en su tiempo, parecía un sueño irrealizable y que posteriormente, los trabajos de varios investigadores, e incluso la práctica de algunos productores, ha demostrado que es totalmente posible.

Las concepciones de Reynoso sobre economía se encontraban entre las más avanzadas de su tiempo. Es cierto que él era principalmente un hombre de ciencia, entregado por entero a sus investigaciones, sobre todo en la agronomía, pero lo hacía con el enfoque económico que es imprescindible para el éxito de cualquier trabajo en el campo de la producción. Ante las intenciones de los que querían cambiar por la fuerza el curso de la historia y, como consecuencia de ello, violar las leyes de la sociedad, expresó en las últimas páginas de esta obra:

"Las sociedades se rigen por leyes económicas tan fijas, ordenadas y necesarias como las leyes universales que regulan los movimientos de la materia en el tiempo y el espacio. Pensar en monopolios, querer interrumpir la actividad humana en otros países, es candidez infantil tan inmoral como antieconómica. Por la fuerza natural de las cosas
teníamos que ver surgir competidores en nuestro mercado, pues este necesariamente había de estar en relación con otros pueblos para desenvolver su riqueza. Lo único a que podemos aspirar será a la igualdad en la concurrencia, corriendo de nuestra cuenta triunfar con la baratura del producto lo cual conduce al aumento del consumo.
Proponerse estorbar el curso de las evoluciones progresivas de la humanidad es tan insensato como desear detener los movimientos
de La Tierra".

"La lucha económica no es aquella en la que el vencido debe sucumbir. No es el feroz combate por la vida, sino la investigación del más apto y especial para desempeñar sus oficios de bien general. Es la distribución ordenada del trabajo humano, la conciliación armónica de todos los intereses, estableciendo la confraternidad de los pueblos y su
marcha rítmica en la vía de la civilización"

No es necesario argumentar mucho más sobre la importancia de esta obra, ella misma le dirá lo que vale. En lo que a usted como lector le corresponded la utilización que de ella haga demostrara hasta qué
punto la ha entendido y eso se refleja, sobre todo, en cómo influya en su actitud frente a la utilización de la técnica y la tecnología en la producción cañera. La utilidad de este libro ha sido y es comprendida por nuestros dirigentes desde hace mucho tiempo. Ya en los inicios de la Revolución, el Comandante en Jefe Fidel Castro recomendaba insistentemente su estudio. Por ejemplo, en el Primer Forum Nacional
Azucarero, celebrado en 1964, expresó al respecto:

"En el siglo pasado, surgieron una serie de teorías y de conocimientos relacionados con la caña en un libro que recorrió el mundo, que es mucho más conocido fuera de Cuba que en Cuba, libro que sirvió algo
así como de guía a las investigaciones en casi todas partes del mundo. Este hoy comienza a circular y a ser conocido en nuestro país. "El sueño de Reynoso de garantizar rendimientos cañeros de 140 000 arrobas por caballería y, como resultado de un eficiente proceso de extracción industrial del azúcar, obtener 14,5 toneladas de este producto por hectárea; de convertir a Cuba no sólo "...en la Perla de las Antillas, sino en el Edén del Mundo, pasmo y suspensión de extranjeros y mansión venturosa de sus habitantes" aún no se ha alcanzado, a pesar de que él mismo nos segó el camino para lograrlo.

Nos corresponde a nosotros, los cañeros de estos tiempos, cumplir esta misión vital y para ello, ya podemos contar con este maravilloso instrumento, el libro que fue su obra cumbre, donde, sobre todas las cosas, él nos indica cómo convertir sus sueños en realidad.

RamónCastro Ruz